jueves, 17 de marzo de 2011


LOS OBSCUROS LABERINTOS DE  UNA JUSTICIA TUERTA

Por: Providencia Rossi Pujols

 Recorrer los obscuros laberintos   de la justicia dominicana, nos lleva a conocer pasadizos verdaderamente  tenebrosos llenos de obstáculos, golpes bajos,  verdades retorcidas, donde los asesinos, criminales, ladrones, sicarios, narcotraficantes, timadores, resultan  blancas palomitas incapaces de dañar a nadie,  siempre y cuando estén presentes en el proceso, don dinero o una  buena cuña del mismo palo.
La solemnidad con que se presentan los jueces  en los tribunales, ataviados con toga y birrete, impresiona a los asistentes,  además por el conjunto  que ofrece la sobriedad del lugar y las estrictas normas que hay que cumplir ya dentro, pero al parecer, no todos los señores magistrados  utilizan la misma vara, ni miden a todos por igual, como bien establecen las leyes nuestras.
Lo primero es que, en el caso de una familia que sufre por la pérdida de un ser querido a manos de un criminal,  tiene que armarse de valor para poder compartir el mismo reducido espacio de la sala de audiencias con la persona  que haló el gatillo para cegar la vida de su pariente, tiene que tener en cuenta hasta como respira para que no lo manden a sacar del lugar, por el contrario el degenerado  se las ingenia para  de una manera  sublime lanzar miradas y gestos amenazadores.
Estos sujetos, que han violado las leyes que rigen en República Dominicana,  reciben tantas prerrogativas que hace parecer a las victimas como los verdaderos criminales y no a la inversa.
Primero, a ellos se les permite hablar sólo en el momento que así lo deseen, si quieren no contestan a cuestionamientos de abogados o ministerio público; pero cuando ven el momento oportuno deciden decir algo, momento donde la indignación de los dolientes se eleva a grados superlativos, al escuchar la sarta de mentiras, verdades a medias o retorcidas, que en boca del asesino suenan sarcásticas. Utilizan testigos falsos, comprados de una u otra manera, mientras a las víctimas o a sus familias se les dificulta expresarse, es más restringido, sólo hablarán si se lo permite la sala.
Al cabo de dos o tres años por fin llega el fallo, esto luego de innumerables reenvíos, producto de incidentes provocados por los propios abogados involucrados en el caso, como tácticas dilatorias.
Las motivaciones finales del honorable magistrado, dan a sobreentender a los familiares de la víctima que la balanza definitivamente se inclinará por la verdadera justicia y se ordenará una sanción tranquilizadora para unos corazones destrozados de dolor y ejemplarizadora, para que otros lo piensen mejor al momento de intentar cometer el mismo delito.
Pero no, la sanción dista mucho de  la motivación inicial, con penas risibles, penosas  para el delito cometido, entonces la pregunta  de  un simple ciudadano es, en caso de un asesinato: ¿Cuánto vale quitar una vida, sobre todo una vida joven, útil?, aquí en la tierra de Duarte, Sánchez y Mella, depende de los intereses  envueltos.
Al escuchar sanciones  benignas y apartadas de toda justeza,  en ese mismo instante, es cuando la gente logra descubrir algunos de los pasadizos secretos, algunos  recovecos del interminable laberinto judicial dominicano y  se inicia el escepticismo, la falta de credibilidad en el sistema de justicia,  de una  sociedad que aspira a que todos los dominicanos sean medidos con la misma vara y  no exista sanciones selectivas para los violadores de nuestras leyes.



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